Salgo del agua, empapado, con cara de "esto no me puede estar pasando", pensando que el packraft se había reventado. ¿Un corte? ¿Una raja? Pues no. La válvula Boston habia reventado.
Pero no me rindo. Vuelvo al coche, derrotado pero con dignidad, y agarro la cámara de repuesto. ¡La gente animando! “¡Vamos, que tú puedes!”
Inflo el packraft… ¡en tiempo récord! Demasiado rápido.
Quito el tubo… y ¡ploff! Todo el aire se escapa en un segundo. ¿Qué pasó?
La nueva válvula NO tenía sistema antirretorno.
Literalmente inflé un globo de cumpleaños. 🎈
Estaba que me subía por las paredes. No sabía si reír, llorar o llamar a un chamán. En serio, empecé a pensar: “¿Esto es una señal divina? ¿Me estoy perdiendo algún mensaje cósmico?”
Cuando ya todos estaban río abajo, me vino el flashback:
“¡Espera! ¡Sé dónde está la válvula buena!”
La cambio, hincho el packraft como Dios manda… y al final solo hice el último rápido, el mítico cilindro, mi primer paso de clase V. ¡Pero qué rápido!, el hecho de ver bajar un packraft levanto la expectación de más de un kayaker que estaba por la zona.
¿La moraleja?
La válvula importa más de lo que parece. Y que, incluso cuando todo va mal… siempre puedes reírte de ti mismo.
O al menos sacar una buena historia de ello.