El puente que hoy se conserva es una obra de la segunda mitad del siglo XVI (aproximadamente en torno a 1570–1575), levantada probablemente por iniciativa del concejo de Iniesta con aportaciones de vecinos, para sustituir pasos anteriores menos sólidos.
Está construido en piedra labrada, cimentado sobre las mismas rocas del lecho del Cabriel, con un solo gran arco de 33 m de luz, lo que lo convierte en uno de los puentes de estas características más grandes de España y Europa. Su diseño clásico en “lomo de asno” es típico de puentes de este periodo.
Fue un paso estratégico para carretas, personas y ganado, partiendo de la Cañada Real de la Mancha o de San Juan, que conectaba caminos entre la Meseta Castellana y la región valenciana. Durante siglos sirvió como vía principal de tránsito comercial y de comunicación.
El puente estuvo en uso hasta el siglo XIX como paso habitual de mercancías y viajeros. Su uso disminuyó con la aparición de nuevas comunicaciones y el desarrollo de infraestructuras modernas.
Actualmente forma parte del patrimonio histórico y paisajístico del entorno de las Hoces del Cabriel, y ha estado en proceso de reconocimiento para su declaración como Bien de Interés Cultural.
Aunque tradicionalmente se ha atribuido un origen romano al paso de Vadocañas, la estructura visible hoy no es romana, sino de época moderna (siglo XVI). Sin embargo, sí existen indicios de que el lugar fue un vado y posible paso de una calzada romana o vía secundaria, utilizado desde antiguo para la comunicación entre regiones.
En general, el Puente de Vadocañas es un testimonio notable de las antiguas rutas de tránsito y de la ingeniería civil de la época moderna española, así como de la continuidad del uso del paso de Vadocañas desde épocas prerromanas hasta el siglo XIX.