Era temprano por la mañana, de esas en las que el sol aún anda bostezando y tú ya estás con la mochila cargada, con el packraft dentro, buscando emociones fuertes. Borja y yo caminábamos por un camino secundario, casi escondido, rumbo al río Lumi i Shales, en el corazón de Albania. La idea era sencilla: encontrar el punto perfecto para embarcar, con agua suficiente y un inicio que no nos complicara demasiado la jornada.
Silencio, naturaleza salvaje, la luz colándose entre los árboles… y de repente, el destino nos tenía preparada una escena de National Geographic, pero versión humor escatológico.
Allí, en el lateral del camino, entre dos arbustos y con las montañas de fondo, nos encontramos a un pobre overlander… agachado… en plena faena.
Sí, amigos: estaba liberando prisioneros, dejando marchar al topo, firmando un acuerdo con la porcelana invisible, fabricando churros sin chocolate, con Obama asomando por la casa blanca… vamos, que estaba plantando un pino en tierras albanesas.