Me he esforzado en recordar si alguna vez había visto una gran mezquita desde el río, y no consigo traer a la memoria una imagen similar. Tal vez por eso, escuchar la llamada al rezo mientras remaba sobre el Neretva fue un momento especialmente mágico: el eco del adhan se mezclaba con el rumor del agua y el sonido del viento, creando una atmósfera difícil de describir.
La mezquita Koski Mehmed Paša (Koski Mehmed Paša Džamija) es uno de los lugares más emblemáticos de Mostar, y su silueta domina la orilla oriental del río. Construida en 1617, esta joya del periodo otomano se alza con elegancia sobre las casas de piedra, ofreciendo una de las vistas más impresionantes del Stari Most y del casco antiguo. Desde su minarete, al que se accede por una estrecha y empinada escalera de piedra, se puede contemplar una panorámica que parece suspendida entre historia y eternidad: los tejados grises, el río de un verde esmeralda imposible, y el arco perfecto del puente de Mostar reflejándose en el agua.
En esta parte del Neretva es habitual cruzarse con pequeñas embarcaciones motoras que llevan turistas a observar el puente des del agua. Hay varias playas y zonas de baño. Si, como yo, la visitas fuera de temporada, encontrarás una tranquilidad casi poética; pero en verano, este tramo del río se llena de vida.
Desde la mezquita se divisa perfectamente el puente de Mostar. En sus alrededores es común ver a los clavadistas locales lanzarse desde lo alto del puente —una tradición centenaria— y, cada año, Mostar acoge una de las competiciones de saltos de altura más famosas del mundo, organizada por Red Bull.