Sin duda, la joya de la corona del río Voxnan: un auténtico infierno blanco de aguas bravas, donde todo el caudal se precipita por una fuerte pendiente mientras el terreno rocoso encajona el río y multiplica su fuerza.
Aunque no seáis amantes de las aguas bravas —este rápido está reservado únicamente a expertos—, el Hylströmmen merece sin duda una visita. Se puede llegar en coche por una pista sin asfaltar hasta un pequeño aparcamiento, donde encontraréis un portal con el nombre del rápido y el inicio del sendero que lleva hasta el mirador natural.
Justo al comienzo del rápido hay un puente colgante metálico que permite observar con total seguridad este espectáculo de la naturaleza. Desde la perspectiva de un packrafter, es uno de esos rápidos que se disfrutan más con la vista que desde el agua: su nivel técnico, los potentes agujeros y los numerosos peligros potenciales lo convierten en un candidato perfecto para el porteo para la gran mayoría de los mortales.
Para los amantes del packraft, el Hylströmmen representa un recordatorio de respeto absoluto hacia el río. Es el tipo de rápido que marca los límites del equipo y del propio palista, inspirando humildad y admiración a partes iguales. Desde el mirador, uno puede imaginar la línea perfecta… pero también comprender por qué, a veces, la mejor decisión en packrafting es observar, aprender y seguir río abajo en busca de un tramo más navegable.
Más abajo del Hylströmmen, el Voxnan ofrece secciones mucho más amables y navegables, ideales para disfrutar del packraft sin renunciar a la emoción. Entre bosques de abetos y márgenes cubiertos de musgo, el río alterna suaves rápidos y remansos cristalinos que invitan a tomarse el tiempo con calma. Es el contraste perfecto: después de contemplar la furia del Hylströmmen, deslizarse por estos tramos tranquilos se siente como reconciliarse con el río y dejarse llevar por su ritmo natural.